Una isla


Dibujo palabras
cada vez más simples sobre los surcos
que ha ido dejando, día tras día,
la taza de café.

Soy como el niño
que jugaba solo al escondite,
escribiéndome notitas a mí mismo
–y a quién si no, a estas alturas–
en el único papel que hay a mi alcance.

Me sorprendo un poco, vaya.
Vuelvo a tener la misma letra
que cuando era joven,
¿acaso no puede ser la vida
maravillosa de vez en cuando?

Piso mi sombra para que no se escape.
Le explico: hay sitio aquí para ti
y para nadie más. Entonces se detiene
y yo sonrío. Es nuestro juego
de cada mañana.

Vuelvo al papel. Del otro lado
hay un contrato roto en pedazos,
escrito en un lenguaje
que apenas comprendo.
Hay cifras y medidas
y también el trazo
final de una firma.

Es un billete de solo ida
a quién sabe qué ciudad.

Pero mi vida está aquí.
Mi vida es como una isla.
No quisiera tener nunca
que abandonar este lugar.