Esta mañana gris de domingo

Un gato blanco lleva una hora
observando llover desde la ventana;
mira al cielo muy atento, como intentando
averiguar el origen de este milagro. 

Solo unos quince metros más abajo,
un hombre triste se detiene
en mitad de la calle
a encenderse un cigarrillo
bajo su paraguas negro.
Sigue su camino,
dejando tras de sí
una breve estela de humo,
entre gris y transparente. 

Aquí arriba,
en esta casa vacía,
Piero Ciampi no ha dejado
de cantar esta mañana
canciones tristes a su
antiguo amor perdido.
«Ora restano soltanto
dodici canzoni»
,
se lamenta.

Las gotas de lluvia resbalan
como lágrimas por el cristal.
Apoyo mi frente en la ventana
igual que el gato y pienso:
si saliese a la calle ahora
nadie sabría que estoy
llorando yo también.