Para ti seré el viento


Espero que no te importe
si me quedo aquí un poco más.
¿Recuerdas cuando quería ser lluvia?
Cuánto la odiaba. Y de qué poco sirvió.
Se encogieron mis vértebras y solo quedó
este charco infame, arrugado y absurdo.

Creía ser lluvia, ya ves, y solo era viento.
Por eso he resuelto sin consultarte que,
de hoy en adelante, para ti seré el viento.
En todas sus formas, el viento.

Si sales a la calle, te envolveré por completo
sin que nadie –ni siquiera tú– pueda evitarlo.
Rozaré tus cabellos con dedos de aire,
secaré tus lágrimas cuando estés triste,
tomaré tu mano, al andar, todo el camino,
me fundiré sin pensarlo con tu aliento
y, en el silencio solitario de la noche,
te repetiré veinte millones de veces
todo aquello que siempre supiste
sin que nadie –ni siquiera él– pueda evitarlo.

Si te encierras en casa, subiré hasta tu ventana
y me quedaré a vivir ahí, como un ángel derrotado
en tu cornisa y te observaré mientras duermes,
y cuando estés despierta y sonrías al poner el agua a hervir
pondré toda mi atención para aprenderme la fórmula
de esa felicidad sencilla de la que huías conmigo.
Y, si me enfado contigo, sacudiré con fuerza tus cristales.
Y, si soy feliz, haré danzar para ti las copas de los árboles.

Y será así siempre, cariño mío. Iré contigo ya toda la vida,
porque el viento, tú lo sabes, no muere; no puede morir.
Me habré ido yo y el viento seguirá recordándote
que una vez los dos fuimos capaces
de existir al mismo tiempo
en el mismo lugar.

Y lloverá también,
pero dará igual.


















Entradas populares