Vida en los charcos



Hay una vida subterránea 
y luminosa al mismo tiempo,
una vida estática, algo melancólica,
con aroma a foto antigua abandonada
entre las páginas de cualquier libro.

Esa vieja Polaroid descolorida
me recuerda hoy cuánto extraño
aquellos días alegres en el infierno,
cuando la felicidad era un secreto
eléctrico, imposible de guardar,
y también mis viejas excusas,
pequeños engaños y privaciones,
todas aquellas prohibiciones suyas, 
absurdas aunque comprensibles.
Puede que añore principalmente
eludir su control sobre cada cosa.
Ahora soy libre, o eso parece,
pero me siento vacío y esclavo.

Vuelvo a comprobar qué año es y me pregunto
si no seré, al fin, ese gato anciano tendido al sol
que espera indiferente la llegada de la muerte.
Tal vez no. Quizá sea aún pronto para eso,
pero, hasta que venga a por mí, seguiré
vistiendo de negro como un sepulturero,
nadando de espaldas al presente
en el espejo sucio de la memoria,
sintiendo latir tenaz en mi interior
todo este desamor hasta que se termine.

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