Donde nadie nos conoce


Pronto será mayo. De fondo
suena una canción desconocida.
Un llanto alegre, un himno extraño.
Solo sé que nombra un batiscafo.
En la radio coinciden en que habrá guerra
y yo te observo por encima del monitor
y sonrío por debajo; estás de espaldas.
Llevas tu pelo recogido en un moño,
justo como a mí me gusta. Preparas
con esmero otra taza de café descafeinado
porque, aunque te gusta el riesgo, eres
una hormiga con trastorno de sueño.
Pienso en la inmensa suerte que tengo.
Soy afortunado de que, entre tanto idiota,
decidieses elegirme a mí, precisamente,
y huyeses conmigo de la ciudad del dolor
y dejases todo atrás, de nuevo, por última vez
para vivir la nada a mi lado en ciudades
donde nadie nos conoce. El paraíso
soñado de los bellos perdedores.
Ha dejado de sonar esa canción.
Te observo en silencio. Pienso:
ojalá supiese cómo se titula.