Cualquier tiempo pasado



Hay gente capaz de cualquier cosa con tal de salir en las noticias. A Nigel Mills lo arrestaron la semana pasada por poner su DeLorean DMC-12 a 88 millas por hora (140 km/h) en una carretera de Essex, en Inglaterra. Esto no pasaría de ser una infracción de tráfico normal y corriente de no haber sido porque ocurrió a la velocidad exacta y en el mismo coche en que los protagonistas de Regreso al futuro conseguían transportarse en el tiempo. En el caso de Mills, al futuro: a un calabozo de Chelmsford con una multa en el bolsillo. No vale la pena.

Es curioso cómo nos define ese deseo de estar en otra parte, porque el tiempo, en este caso, se convierte en un lugar. Cuando uno fantasea con la idea de viajar al pasado, en realidad lo está haciendo solo con su pasado. Si uno plantea entre adultos la pregunta “¿Viajarías al pasado o al futuro?”, casi todos responderían que al pasado. Y es normal, porque sería estúpido viajar al futuro, cuando todos nuestros seres queridos estén muertos o enfermos y no comprendamos nada porque no hayamos asistido al proceso lógico de la evolución. Por eso y porque la nostalgia es el refugio de los cobardes, prácticamente todos viajaríamos hacia atrás en el tiempo.

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